Chupetes: ¿Sí o no?
(Pacifiers: Yes or No?)
Nota Editorial: Ofrecemos artículos de nuestras publicaciones de años anteriores como referencia para nuestras Líderes y miembros. Los lectores deben tener en cuenta que la investigación y la información médica cambian con el tiempo.
Oak Park, Illinois, EE.UU.
NEW BEGINNINGS,Nov.-Dec. 1995
A favor: Los bebés
necesitan succionar. Succionar les calma y tranquiliza. El pecho de la
madre no siempre está disponible. Los chupetes son un sustituto
práctico.
En contra: Los chupetes
son pezones artificiales y pueden confundir al bebé, lo cual
desemboca en una succión ineficaz al pecho. Los chupetes disminuyen
la cantidad de tiempo que el bebé mama y esto puede afectar la
provisión de leche de la madre.
¿Es adecuado que una
madre lactante ofrezca un chupete a su bebé? La respuesta es...
a veces.
En muchas partes del mundo
angloparlante los chupetes se llaman dummies. Imitan el pecho
de la madre, igual que los maniquíes imitan a seres humanos en
los escaparate o en pruebas de accidentes automovilísticos. Hay
ocasiones en que los maniquíes cumplen una función positiva
y útil, también hay veces en que un maniquí sencillamente
no basta.
Los bebés tienen el
instinto de succionar. Sin este instinto quizá no obtendrían
el alimento que necesitan para crecer y abrirse camino. Además,
la succión les calma. Su ritmo estable, la concentración
en una tarea y la placentera estimulación de las extremidades
nerviosas les ayudan a sobreponerse y a superar las muchas perturbaciones
de un mundo grande y confuso. Hubo un tiempo en que los "expertos" fruncían
el ceño ante el uso de chupetes. Estos mismos consejeros también
disuadían a los padres de coger en brazos a un bebé que
llorara. Afortunadamente, el mundo ha aprendido a tolerar un poco más
las necesidades de los bebés, incluida la de succionar. Es muy
posible que todos los recién nacidos de un hospital, alineados
con aire satisfecho junto a la ventana del nido, lleven chupete.
Pero... un momento. ¿Qué
hay de malo en esa imagen? Los chupetes son pezones artificiales. Y
los pezones artificiales, ya sean tetinas o chupetes, pueden interferir
en la lactancia. Es uno de los problemas de ofrecer el chupete a un
bebé lactante, especialmente si todavía no domina la técnica
de mamar. Succionar un pezón artificial es diferente a succionar
el pecho. El pezón artificial ya está formado y es bastante
rígido. El pecho es blando y flexible. Para agarrarse al pezón,
el bebé debe abrir mucho la boca; el pezón se coloca en
la parte posterior de la boca, alejado del movimiento de las encías
y de la lengua. Es fácil meterle al bebé un chupete en
la boca aunque la tenga cerrada. Los músculos de la boca, la
cara y la lengua se mueven de forma diferente cuando succionan un pezón
artificial; el movimiento que sirve para beber de un biberón
o calmarse con un chupete no lograría sacar leche de un pecho.
En los primeros días,
pasar constantemente del pecho a un pezón artificial y viceversa
es demasiado pedir de un bebé que aún está aprendiendo
a mamar. Los bebés que intentan succionar el pecho del mismo
modo que succionan una tetina o un chupete se frustran rápidamente
y lloran, se ponen nerviosos o rechazan el pecho. No sacan mucha leche
y les cuesta aprender a mamar de forma eficaz.
Succionar un chupete también
puede interferir con el suministro de leche de la madre y, en última
instancia, con el crecimiento del bebé. Los bebés que
satisfacen parte de sus necesidades de succión con un pezón
artificial pasan menos tiempo estimulando el pecho, lo que posiblemente
interfiere con la producción de leche. Si se interrumpen las
tomas y se le ofrece un chupete al bebé, éste puede verse
privado de la leche que se produce al final de la toma, alta en calorías
y grasa y muy importante para el crecimiento. Un reciente estudio llevado
a cabo en Brasil ha descubierto que los bebés a los que se ofrece
el chupete antes del primer mes corren un mayor riesgo de destete durante
los siguientes 24 meses (Victora 1993).
El chupete puede suponer
un riesgo para los bebés amamantados. No sirven para reconfortar
a un recién nacido y las madres deberían evitarlos hasta
que la lactancia esté bien establecida, al menos durante las
primeras tres o cuatro semanas. No debe ofrecerse un chupete a los bebés
que tienen problemas para aprender a agarrarse al pecho o succionar
correctamente, ni a bebés cuya madre está preocupada por
la provisión de leche o porque su bebé se pone nervioso
al mamar.
Lo que debe ofrecerse a los
recién nacidos que necesitan succionar es el pecho de su madre.
Algunos bebés maman casi continuamente o durante largos períodos
de tiempo los primeros días. Es bueno para ellos. Se benefician
del calostro y de una abundante provisión de leche al cabo de
los pocos días. Se ahorran la agonía física y emocional
de llorar. Aprenden a tranquilizarse. Por supuesto, los bebés
tienen que estar con su madre si dependen de la lactancia para reconfortarse.
Lo primero es no permitir que se dé la clase de separación
postparto entre madre hijo que convierte el chupete en algo útil.
Y prestando la debida atención a la postura, a cómo se
agarra el niño y a si succiona bien, el dolor de los pezones
puede reducirse al mínimo e incluso evitarse por completo.
Cuando crece, es posible
que el bebé necesite succionar aun teniendo la tripita llena:
quizá necesite dormir o despertarse, o simplemente relajarse.
Esta succión de consuelo es diferente a la succión activa
y vigorosa con la que el bebé extrae la leche para saciar su
hambre. En este momento es posible que algunas madres decidan utilizar
chupete. Sin embargo, los bebés amamantados pueden consolarse
también con el pecho de su madre, ya que el flujo de la leche
materna se reduce a un pequeño goteo cuando la succión
del bebé pierde intensidad. Los bebés pueden continuar
succionando sin empacharse y sin tragar mucho aire.
Las tetinas no poseen este
sistema de regulación controlado por el bebé. La leche
fluye a un ritmo regular, por lo que el bebé saciado que desea
succionar durante diez minutos más puede acabar sobrealimentado,
con burbujas de gas y potenciales regurgitaciones. Aquí es donde
un chupete puede satisfacer una necesidad importante.
Los chupetes también
pueden ser útiles para un bebé amamantado. Pueden calmarle
cuando su madre no puede amamantarle en un momento dado, porque está
conduciendo, pagando en el supermercado o atendiendo a un hijo mayor.
Pueden calmar a un bebé con cólicos cuya madre tiene los
brazos, los pechos y la paciencia gravemente sobrecargados. Pueden reconfortar
a un bebé que, por una u otra razón, está demasiado
alterado o nervioso para mamar. Las madres de gemelos encuentran útiles
los chupetes cuando un bebé tiene que esperar mientras su madre
se hace cargo del otro. Los hospitales utilizan chupetes con bebés
prematuros, para estimular el reflejo de succión y ayudarles
a asociar la succión con el suministro de alimento, incluso cuando
se alimentan por sonda.
El uso frecuente de chupetes
puede crear pequeños "adictos" a los que rara vez se ve sin su
"enchufe" en la boca. El abuso del chupete también puede crear
problemas de lactancia, así que las madres preocupadas por su
provisión de leche o con bebés reticentes a tomar el pecho
deben reconsiderar sus decisiones sobre el chupete y el biberón.
Sin embargo, es la madre la que conoce mejor a su bebé. Con una
buena información sobre el uso del chupete, podrá tomar
la decisión acertada para su familia.
Tanto los chupetes como la
succión de consuelo al pecho tienen su lugar. Hay momentos en
que un chupete puede sustituir el pecho de la madre, calmar la inquietud
de un bebé y restablecer la paz para todos. La succión
de consuelo ayuda a asegurar un abundante suministro de leche y proporciona
sensaciones cálidas a la madre y al bebé. Cuando el chupete
se utiliza juiciosamente, la madre puede ambas alternativas.
BIBLIOGRAFÍA
Anderson G.C., Pacifiers:
the positive side, MCN 1986; 11:122-24.
Newman, J. Breastfeeding problems associated with the early introduction
of bottles and pacifiers, J Human Lact 1990; 6:59-63.
Victora, C.G., Tomasi, E., Olinto, M.T.A. y Barros, F.C. Use of pacifiers
and breastfeeding duration, Lancet 1993; 341:404-6.
Nota del Editor: Muchas
gracias a Anne Grider de Woodstock, Georgia, por las ideas que ha aportado
para este artículo.
Traduccion por Pilar García-Romeu.
Última modificación 25 de abril de 2007 por vbg.
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