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Amamantar más de un año

(Nursing Beyond One Year)

Sally Kneidel
New Beginnings, Vol. 6, No. 4, julio-agosto 1990, págs. 99-103

Oí por casualidad una conversación en la biblioteca el otro día entre dos madres con niños pequeños. Una preguntó: "¿Sigues amamantando a Ryan?". La otra respondió: "No, el pediatra me dijo que lo destetara a los doce meses y así lo hice. Casi se me parte el corazón".

Recordé haber recibido el mismo consejo de mi pediatra cuando mi primer hijo cumplió el año. Cuando le pregunté la razón de su consejo, me respondió: "Para que aprenda a ser independiente". Pude hacer caso omiso de este consejo porque mi mejor amiga todavía le daba el pecho a su niño de dos años, con ternura y afecto y aparentemente sin ningún efecto adverso. Aun así no todos tenemos un modelo alternativo cuando se nos aconseja que es hora de destetar. Me entristece ver a tantas madres abandonar la lactancia a causa de consejos arbitrarios antes de que ellas o sus bebés estén preparados.

¿Por qué tantos médicos recomiendan el destete al año? Hace poco una mujer escribió a la sección de preguntas y respuestas de una famosa revista para preguntar cuándo debía destetar a su hijo. La respuesta, de un pediatra, refleja un concepto erróneo. El doctor le contestó: "Quítele el pecho al año, ya que para entonces el niño podrá tomar leche de vaca". Sin embargo, se amamanta a los niños por más razones, no sólo por nutrición, y las madres tampoco ofrecen el pecho a sus bebés sólo por obligación, sino porque encuentran una satisfacción profunda en ello.

Para muchas madres la pregunta no es cuánto tiempo amamantar para la salud de su hijo, sino más bien si hay alguna edad en que amamantar pueda ser dañino de alguna forma. Si no la hay, ¿por qué no dejar que la madre decida esta cuestión? ¿Hay alguna prueba que recomiende el destete al año?

Lo que muestran los estudios

Los estudios demuestran que hay beneficios para los niños que maman más de un año. Uno de ellos es la nutrición. Las investigaciones confirman que la leche materna que se produce en el segundo año es muy similar a la del primer año (Victora 1984). Aun después de dos años o más, la leche materna continúa siendo una fuente valiosa de proteínas, grasas, calcio y vitaminas (Jelliffe y Jellfife 1978).

Un segundo beneficio es la inmunidad frente a las enfermedades. Conforme el niño crece, al mamar menos a menudo los agentes inmunizantes de la leche materna se concentran, así que los niños mayores siguen recibiendo estos agentes (Goldman et al. 1983). En Bangladesh se llevó a cabo un estudio que demuestra contundentemente el efecto de estos agentes. En este contexto de gran pobreza se demostró que los niños destetados entre los 18 y los 36 meses de edad doblaban su riesgo de muerte (Brien et al. 1983). Este efecto se atribuyó principalmente a los factores inmunizadores de la leche materna, aunque la nutrición también pudo tener un papel importante. Está claro que en los países desarrollados el destete no es una cuestión de vida o muerte, pero continuar la lactancia puede significar visitar menos al médico.

Un tercer beneficio es el de evitar las alergias. Hay mucha documentación que demuestra que, cuanto más tarde se introduzca la leche de vaca y otros agentes alérgenos en la dieta del niño, menor será la posibilidad de reacciones alérgicas (Savilahti 1987).

Consideraciones psicológicas

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Las madres que han amamantado a niños mayores conocen la ternura y los lazos que se crean cuando se amamanta a un pequeño que tiene edad suficiente para hablar de ello. No hacen falta estudios médicos para saber que es una experiencia satisfactoria para madre e hijo. Pero ¿;hay documentación o publicaciones sobre estos beneficios?

Un artículo escrito por una psiquiatra (Waletzky 1979) recomienda el destete natural. Habla del destete forzado como algo emocionalmente traumático para el niño y concluye que la mayor parte de las recomendaciones médicas en cuanto al destete se basan "en prejuicios y sentimientos personales, no en documentación médica". En sus propias palabras: "Quitarle a un niño repentina y prematuramente la experiencia emocional más satisfactoria que haya conocido (...) conduce a una angustia significativa tanto inmediatamente como a largo plazo (...). Tal método considera la lactancia sólo como fuente de leche y no comprende su significado como medio de consuelo, placer y comunicación para la madre y el hijo". Muy bien dicho. No obstante, el artículo de Walezky se basa en la experiencia de su consulta psiquiátrica, no en investigaciones científicas.

Son escasos los trabajos científicos sobre los aspectos psicológicos de la lactancia. Un estudio dirigido específicamente a niños amamantados más de un año mostró la importante relación entre la duración de la lactancia y la opinión de madres y maestros a la hora de evaluar el ajuste social de niños entre seis y ocho años (Ferguson et al. 1987). En palabras de los investigadores: "Hay tendencias estadísticamente significativas que apuntan a que los desórdenes de conducta disminuyen con una mayor duración de la lactancia". Los autores se mostraron cautos en su interpretación de los resultados y adujeron que no habían controlado las diferencias de interacción madre/hijo entre los grupos de lactancia y los de alimentación artificial que explicaran las diferencias de ajuste social observadas posteriormente. Pero en realidad es irrelevante si el mejor comportamiento de un niño crecido se debió a la lactancia por sí sola o al comportamiento típico de madres !!dispuestas a amamantar a sus hijos durante un año o más. Lo importante es el resultado: los niños amamantados por más tiempo fueron los que demostraron un ajuste social más fuerte y sólido cuando lo evaluó su madre, no la maestra (aunque para ambos grupos la asociación fue significativa), de lo que se deduce que posiblemente las madres que amamantan más tiempo tienden a ver a sus hijos con una luz más positiva que las madres que no lo hacen.

Supongo que la mayoría de nosotras estamos de acuerdo en que la lactancia nos ayuda a responder a nuestros hijos de forma positiva. Nos ayuda a sentir más unión y cariño, lo cual puede ser de gran ayuda para hacer frente a las demandas irracionales y la agitación emocional del niño entre el año y los 36 meses. Al margen de lo tensa que esté cuando me siento a amamantar a mi hijo menor, invariablemente los dos acabamos sintiéndonos relajados y contentos.

Actitudes Culturales

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¿Acaso los médicos basan sus consejos sobre el destete en resultados de investigaciones médicas? Aparentemente no, porque nada indica que amamantar más de un año tenga efectos negativos y existen bastantes pruebas de las ventajas de hacerlo. Entonces ¿en qué se basa el frecuente consejo de "destetar al año"?

Probablemente existen varios factores. Uno puede ser tan sólo la expectativa cultural y, como afirma la Dra. Waletzky, los "prejuicios personales". Los médicos están tan sometidos a las tendencias culturales como los demás. Y hoy en día los consejos que reciben los padres muestran una clara tendencia: el desarrollo precoz y la independencia temprana del niño, una tendencia que enfatiza el destete temprano. Lo irónico, en opinión de la Dra. Waletzky y de muchos otros, es que el destete temprano forzoso puede alterar el desarrollo emocional y aumentar la necesidad de dependencia.

Otra influencia en la actitud ante el destete puede residir en el ritmo acelerado de nuestra sociedad. La lactancia sin restricciones parece incompatible con el estilo de vida moderno. Muchos artículos sobre el destete dan por sentado implícitamente que las madres desean dejar de amamantar en cuanto pueden si ello no perjudica la nutrición de sus hijos.

Otro factor podría ser que los médicos, también como los demás, están influidos por prejuicios basados en la fascinación de nuestra cultura hacia los senos como un objeto de estimulación sexual. Al niño que tiene suficiente edad para hablar se le considera demasiado mayor para encontrar consuelo físico en el pecho de su madre.

Y un último factor sería sencillamente que en nuestra cultura no es habitual que la mujer amamante más de un año, por lo que la mayoría de la gente supone que la madre desea destetar al bebé al año.

CONCEPTOS MÉDICOS ERRÓNEOS

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Algunos médicos opinan que la lactancia interfiere con el apetito del niño por otros alimentos. Sin embargo, no hay documentación que señale que los niños amamantados rechacen los alimentos complementarios con más frecuencia que los niños alimentados artificialmente. De hecho, la mayoría de las investigaciones realizadas en países del Tercer Mundo, donde el apetito de un niño desnutrido puede ser de importancia vital, recomiendan la continuación de la lactancia aun en casos de desnutrición grave (Briend et al. 1988; Rhode 1988; Shattock y Stephen 1975; Whitehead 1985). La mayoría sugiere ayudar al niño desnutrido complementando la dieta de la madre para aumentar la calidad nutritiva de su leche, no con el destete (Ahn y MacLean 1980; Jelliffe y Jelliffe 1978), y ofreciendo al niño una dieta más variada e interesante para mejorar su apetito (Rhode 1988; Underwood 1985).

Cómo Hablar con el Médico

Ya que quizá algunos médicos creen que para las madres la lactancia es una lata en vez de un placer, es especialmente importante que la madre informe al médico de que desea continuar amamantando. A menos que ella diga lo contrario, el médico puede suponer que las únicas razones de la madre son la nutrición del niño y su propia comodidad.

Expresar un punto de vista con seguridad es probablemente la mejor manera de influir en un médico de forma positiva. Por ejemplo, es posible decir: "Mi hija y yo estamos muy contentas con nuestra relación de lactancia. Parece tener ventajas para ella. Es una niña feliz y está creciendo muy bien". Comparemos estas frases con un estilo menos seguro: "No estoy segura de si debo destetar a mi hija. La lactancia no parece perjudicarle. ¿Será bueno continuar?" ¿Qué planteamiento recibirá una respuesta más positiva para prolongar la lactancia?

No todos los médicos recomiendan el destete al año. Los que sí lo hacen podrían aprender si las madres les comunican su entusiasmo por el destete natural. Muchas de nosotras nos quedamos calladas en la consulta del médico para evitar consejos de lactancia que no queremos oír, pero si habláramos más de lo mucho que disfrutamos la lactancia de nuestros hijos mayores, tal vez cambiarían algunas actitudes de la comunidad médica. Hace falta confianza y seguridad para expresar una opinión, pero, sabiendo que las investigaciones científicas apoyan el destete natural, tuve la certeza de que se trata de algo sano tanto médica como emocionalmente.

Traduccion por Pilar García-Romeu.

Última modificación 25 de abril de 2007 por vbg.
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