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Primeras semanas

¿Son realmente necesarios los complementos de leche o agua?

Por María Cristina Sáenz

Información perteneciente a la revista NUEVO COMIENZO, Vol. 13 Numero 1 Año 2001

Muchas madres sienten una gran frustración cuando reciben el consejo de dar complementos de agua o de leche a su bebé recién nacido. Razones esgrimidas como válidas muchas veces confunden a las mamás, les quitan seguridad acerca de la calidad o la cantidad de su leche y pueden ser el principio del fin de la lactancia, cuando ésta apenas si comienza.

Muchas madres que han amamantado con éxito en todo mundo saben que cuando la lactancia se desarrolla adecuadamente y los bebés son sanos, los complementos de leches de tarro o de agua no son necesarios. Esto, confirmado por los investigadores1, ha llevado a países como Noruega a eliminar de la rutina de sus hospitales la práctica de dar complementos de agua o de leche a los recién nacidos. Esta decisión ha incidido en que la duración de la lactancia en Noruega supera con creces la de muchos otros países desarrollados. (Como dato curioso cabe anotar que en ese país el 46% de los escaños de las cámaras legislativas son ocupados por mujeres, lo que contradice ampliamente la creencia que la lactancia y el trabajo son incompatibles).

os complementos pueden contribuir a desencadenar problemas en la madre y el recién nacido, e interfieren con el desarrollo de la lactancia.

Las consecuencias en el bebé

Una de las primeras consecuencias que nota la madre de un bebé que recibe complemento es que él pierde interés en amamantar pues se siente “satisfecho”. Y como el agua no le proporciona las calorías que necesita, es posible que el bebé pierda más peso que el que normalmente pierde en los primeros días.2

Los complementos de agua en los primeros días tienen otro inconveniente: contribuyen a que el recién nacido desarrolle ictericia neonatal. De nuevo, los estudios revelan que entre más agua recibe el recién nacido, los niveles de bilirrubina en su sangre son más altos3. El meconio, esa primera deposición oscura que tienen los bebés, es rica en bilirrubina. Y como el calostro tiene un efecto laxante, ayuda al bebé a expulsarlo rápidamente haciendo que los niveles de bilirrubina bajen. Por otra parte, el agua no estimula el movimiento intestinal por lo que la bilirrubina es reabsorbida por el organismo del bebé, contribuyendo así a la ictericia.

No menos importante es que los biberones de fórmula durante esos primeros meses cuando el organismo del bebé está todavía inmaduro, pueden sensibilizarlo para que desarrolle alergia a las proteínas de la leche de vaca o hacerlo intolerante a la misma.4

En la mayoría de los casos los complementos se dan al bebé con biberones, lo que desencadena problemas adicionales. El uso de chupos artificiales causa en muchos casos problemas de lactancia, puede debilitar la succión del bebé o hacer que él rechace el seno de su madre. Muchas expertos, especialmente madres, se han dado cuenta que cuando el bebé come alternativamente del seno y de un biberón en las primeras semanas, puede confundirse y preferir el biberón al seno de su madre5. Esto se debe a que su lengua, su quijada y su boca se mueven de manera diferente cuando amamanta que cuando toma leche a través del chupo de una botella, cuando le dan chupo de entretención o lacta a través de un protector de pezón.6 Un estudio realizado en Estados Unidos encontró que el 30% de las madres cuyos bebés habían recibido biberones en el hospital dijeron haber tenido severos problemas de lactancia; solamente el 14% de los bebés que no recibieron biberones en ese período tuvieron problemas.7

Kittie Frantz, Consultora de Lactancia en Estados Unidos con experiencia de muchos años con madres lactantes, cree que el 95% de los bebés pueden presentar confusión si se les da chupos artificiales (de biberón o de entretención) durante las primeras tres o cuatro semanas de vida. Algunos bebés se confunden después de recibir biberones durante una semana, para otros bastan uno o dos biberones (o cualquier otro tipo de chupos artificiales). Una vez que el bebé ha lactado exclusivamente del seno durante tres o cuatro semanas, es menos probable que desarrolle confusión de succión. De ahí la importancia de que las madres que planean regresar al trabajo esperen al menos el primer mes para empezar a dar biberones al bebé.

El uso de pacificador, bobo o chupo de entretención también se ha asociado con problemas de lactancia como poca ganancia de peso en el bebé, confusión de succión, thrush (hongos?), mastitis y destete temprano. La forma como el bebé chupa este aparatico, hace que pueda desarrollar confusión de succión o amamantar de manera deficiente de manera que obtendrá menos leche de la que necesita. Ambas situaciones, ya sabemos, generan problemas más complicados de manejar.

¿Y la mamá?

Los complementos que se dan al bebé contribuyen a que la madre se congestione, ya que hacen que el bebé esté menos tiempo en el seno. Se sabe que entre más tiempo amamanta el bebé, menos se congestiona la mamá. Durante los primeros días cuando no ha bajado la leche, el bebé y la mamá adquieren experiencia para el agarre y la colocación al seno, labor que se facilita precisamente porque la areola no permanece llena de leche. Cuando baja la leche, ambos tienen práctica y se presentan menos problemas de colocación.

Pero sobretodo, se sabe que cuando el bebé recién nacido amamanta mucho durante los primeros días para obtener el calostro, la madre presenta menos congestión al momento de la bajada de la leche. Eso hace que la lactancia se inicie de manera más amable y confortable.

Por otra parte, los complementos interfieren con el establecimiento de la producción de leche en la madre. Eso se debe a que la producción de leche depende de qué tan frecuente y tan prolongado succione el bebé. También depende de lo eficiente que sea esa succión. Si el bebé recibe biberones de complemento, prolongará el tiempo entre lactadas y obtendrá menos leche. A la vez estimulará menos el seno de su madre por lo que ella producirá menos leche. Además, es posible que el bebé desarrolle un patrón de succión menos eficiente al no utilizar su lengua y mandíbulas de la mejor manera para la succión. Todo esto hace que la madre produzca menos leche a largo plazo y se vislumbre la necesidad real de complementos debido a un inicio deficiente de la lactancia.

Hay una última consideración, no menos importante pero sí difícil de cuantificar. ¿Qué incidencia tiene en la duración de la lactancia el mensaje subliminal que recibe la madre en el sentido que necesita complementar con un “poquito” de leche de tarro porque su leche no es suficiente para el bebé? Este mensaje no dicho pero sobre entendido es devastador para la mayoría de las mujeres lactantes. Cuando los bebés reciben complementos desde los primeros días, la duración de la lactancia es menor que cuando esto no sucede. Muy posiblemente, la madre continuará complementando, lo cual hará que su leche disminuya cada vez más hasta que el bebé esté alimentado exclusivamente con biberón8. Y más adelante, las madres recuerdan con tristeza esa lactancia efímera, especialmente cuando saben que un manejo diferente podría haberles permitido gozar, a ambos, de las ventajas y delicias de la lactancia.

¿Qué razones llevan a dar suplementos?

Varias son las que aducen los especialistas para recomendar suplementos a los recién nacidos. Otras las resaltan la familia y los amigos. La mayoría no son razones válidas.

Sobre las primeras vale la pena destacar la idea de que los suplementos previenen la ictericia o hacen que desaparezca rápidamente. Sin embargo, esta afirmación está revaluada pues los suplementos de agua aumentan los niveles de bilirrubina en la sangre en lugar de bajarlos9. El bebé necesita amamantar mucho, especialmente los primeros días para obtener el calostro que por su efecto laxante le ayuda a eliminar la bilirrubina y por consiguiente, a evitar la ictericia.

Otra razón, es la prevención de la deshidratación en los bebés dormilones o poco interesados en comer. Ante esta situación, por supuesto lo más natural sería estimular al pequeñín para que amamante. Muchas madres no saben que los bebés nacen con un exceso de fluidos en su organismo, lo cual hace que la deshidratación sea rara en este período. No sobra saber que algunos síntomas de deshidratación son letargo en el bebé, piel que pierde la elasticidad, ojos y boca seca, llanto débil o fiebre. Los pañales poco mojados son también signo de peligro: uno o dos pañales húmedos son normales durante los primeros dos días, durante la siguiente semana, el bebé debe mojar más de tres pañales al día.

Hipoglicemia es una palabra que causa angustia a las madres. Se desencadena por la demora para recibir comida o por una cantidad insuficiente de comida. La hipoglicemia se previene amamantando con frecuencia o si no es posible, dando leche materna al bebé con otro medio diferente al seno, que no interfiera con la lactancia, como una cucharita o un vasito. A no ser que un examen de sangre muestre un nivel muy bajo de azúcar en la sangre, los complementos no deben ser considerados. Más vale amamantar con frecuencia.

“El bebé se queda con hambre, por eso come con tanta frecuencia”, “Tu leche no es suficiente”, son algunos de los comentarios de familiares y amigos cuando ven un recién nacido que amamanta con cortos intervalos de tiempo entre una comida y otra. Es cierto que los bebés amamantados comen con frecuencia, pero la razón no es insuficiencia de leche o mala calidad de la misma. La explicación radica en que la leche humana es digerida por el bebé con facilidad, lo cual hace que se despierte pronto para volver a comer. Es normal que un bebé recién nacido coma de 10 a 12 veces en 24 horas, con enormes ventajas como contacto más frecuente con su madre y alimento diseñado especialmente para su sistema inmaduro.

Para despertar a un recién nacido dormilón

Algunos bebés recién nacidos parecen dormir todo el día, y amamantan con poca frecuencia y durante períodos cortos. Sus madres pueden sentir que ese pequeñín es muy “juicioso”, que no “molesta”, pero la verdad es que él debería comer de ocho a diez veces cada 24 horas. Más que esperar que el bebé coma siguiendo períodos muy fijos de tiempo, es mejor mirar el total de comidas que hace en 24 horas. Si el bebé come menos de diez veces al día, es conveniente despertarlo con frecuencia y animarlo a que coma. Algunas de las técnicas que funcionan son:

  • Despiértelo cuando está en período de sueño ligero, es decir cuando mueve rápidamente sus ojos bajo los párpados, tiene el puño recogido y cerrado, mueve los labios como para succionar, hace gestos.
  • Quítele un poco la cobija para que no esté acalorado.
  • No lo ponga en un sitio con luz muy brillante, esto hace que cierre los ojos.
  • Háblele y álcelo en forma vertical. Mézalo hacia arriba y hacia abajo con suavidad.
  • Balancéelo adelante y atrás, y hacia los lados. Sostenga muy bien su cabecita.
  • Cámbiele el pañal.
  • Otras situaciones que ayudan cuando el bebé sigue dormido son:

  • Friccione las manos y pies del bebé con suavidad.
  • Pase un algodón humedecido en agua fría sobre la frente, mejillas o nuca del bebé.
  • Aumente el contacto piel a piel entre ambos, madre y bebé. Puede ser con un masaje suave o bañándose juntos.
  • Pase un dedo sobre el contorno de los labios del bebé.
  • Mueva los brazos y manos de bebé al frente y a los lados, como enseñándole a aplaudir.
  • Bibliografía.

    1 Nylander, G. et al. Unsupplemented breastfeeding in the maternity ward. Acta Obst Gyn Scand 1991; 70:205-09.

    2 Kurinij y Shiono, P. Early formula supplementation of breastfeeding. Pediatrics 1991; 88:745.

    Glover, J. y Sandilands, M. Supplementation of breastfeeding infantand weight loss in hospital. J Hum Lact 1990; 6:163-66.

    Houston, MJ. et al. The effect of extra fluid intake by breastfed babies in hospital on duration of breastfeeding. J Reprod Infant Psych 1984; I:42-48.

    3 Kuhr, M y Paneth, N. Feeding practices and early neonatal jaundice. J Ped Gastro Nutr 1982; 1(4):485-88. Nicoll, A et al. Supplementary feeding and jaundice in newborns. Acta Paediatr Scand 1982; 71:759-61.

    4 Host, A. et al. A prospective study of cow’s milk alergy in exclusively breastfed infants1988

    5 Neifert, M et al. Nipple confusion: toward a formal definition. J. Pediatr 1995; 126(6):S125-29.

    6 Newman, J. Breastfeeding problems associated with early introduction of bottles and pacifiers. J. Hum Lact 1990; 6(2):59-63.

    7 Cronenwett, L. et al. Single daily bottle use in the early weeks postpartum and breastfeeding outcomes. Pediatrics 1992; 90(5):760-66.

    8 Kurinij, N. and Shiono, P. Early formula supplementation of breastfeeding. Pediatrics 1991; 88:745.

    9 Nicoll, A et al. Supplementary feeding and jaundice in newborns. Acta Paediatr Scand 1982; 71:759-61.

    Ultima modificación realizada el 12 de febrero de 2008 por mmm
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