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Amamantar un bebé prematuro

Por el doctor G Gremmo-Feger*

Información perteneciente a la revista NUEVO COMIENZO, Vol. 14 Numero 4 Año 2002

La madre de un recién nacido admitido en una unidad de cuidados intensivos debido a su nacimiento prematuro (1) debe enfrentarse a numerosas dificultades, especialmente, de orden emocional.

En ese contexto muy difícil, la lactancia puede aparecer como algo absolutamente secundario; y si ciertos prematuros pueden ser puestos al seno muy rápidamente, hay una demora muy importante entre el momento del nacimiento y aquel que en las lactadas se vuelven posibles y eficaces. El éxito de la lactancia en esas condiciones se semeja a una sesión de combatientes.

Dada la frecuencia y el impacto particularmente negativo de las ideas relacionadas con la lactancia materna, es importante basarse exclusivamente en hechos científicos comprobados. Datos muy numerosos de la literatura científica (2) permiten la elaboración de recomendaciones que deberían ser integradas en las prácticas de cuidados de los prematuros a fin de optimizar el inicio de la lactancia para esos bebés que se benefician muy particularmente de ella.

La decisión de amamantar

La mayoría de los estudios muestran que la tasa de lactancia de los prematuros es más baja que entre los recién nacidos a término en buena salud (Furman 1998, Killersreiter 2001, Meier 2001).

Sucede que la familia, los amigos y hasta el personal de salud que cuida al bebé, descorazonan a las madres arguyendo que será muy estresante en ese período particularmente difícil. En ocasiones las madres son informadas de entrada que los medicamentos ligados a su posible patología son incompatibles con la lactancia y algunas se preguntan si serán capaces de producir la cantidad suficiente de leche para su bebé y si estará adaptada a la fragilidad de su pequeñín.

No obstante, no hay evidencias serias que permita desalentar a las madres de prematuros en su tarea de amamantar. Muy al contrario, todos los estudios muestran no solo que la leche materna es la más adaptada especialmente para estos, sino que el hecho de dar su leche a su hijo ayuda a la madre a enfrentar el estrés que genera la situación. Aún más, pocas complicaciones del embarazo o medicamentos son verdaderamente incompatibles con la lactancia y no hay datos que demuestren que las madres de prematuros produzcan leche de calidad deficiente.

Al momento del parto, muchas madres no han decidido si amamantar o no. Y muchas no son conscientes de su importancia para esos bebés frágiles y en alto riesgo. Y aunque no se haya tomado la decisión, de todas maneras es posible que la madre extraiga su leche durante varias semanas, para de esta manera establecer una buena producción de leche que permitirá al recién nacido ser alimentado totalmente con leche de su madre. La decisión de amamantar así como la duración de la extracción pueden ser tomadas más tarde, pero es importante empezar lo más pronto posible después del parto con el fin de aprovechar el clima hormonal favorable para iniciar la lactancia.

Las ventajas de la lactancia

Las ventajas de la leche materna y de la lactancia en caso de un nacimiento prematuro son numerosas.

En el plano digestivo y nutricional

La leche materna facilita la tolerancia de la alimentación por sonda pues mejora la motilidad intestinal. La leche materna está, igualmente, más adaptada a las funciones de digestión y absorción por parte del bebé prematuro: la digestión de la lactosa es facilitada por la actividad de la lactasa y más elevada en los prematuros alimentados con leche materna (Schulman 1998); además, la leche materna nos pasteurizada contiene una lipasa que facilita la absorción de las grasas.

También se sabe que la alimentación con leche materna disminuye el riesgo y la gravedad de la enterocolitis necrosante, una enfermedad grave del tubo digestivo que afecta sobre todo a los prematuros. En un estudio que incluyó 926 prematuros, fue evidente que el riesgo de enterocolitis es de seis a diez veces más frecuente entre los prematuros alimentados con leche de tarro, comparados con aquellos exclusivamente amamantados (Lucas 1990); otro estudio de 124 casos de enterocolitis mostró que el riesgo de perforación intestinal era 8,3 veces más probable en caso de alimentación con sonda sin leche materna (Covert 2001).

En el plano infeccioso

Muchos estudios han puesto en evidencia la muy clara disminución del riesgo de enfermedades infecciosas (43% menos) entre los prematuros alimentados con leche materna (Hylander 1998, Schanler 1999). En efecto, la leche materna tiene numerosos factores de defensa. Factores antimicrobianos, antiinflamatorios e inmunomoduladores: IgAs, lactoferrina, lysosima, factores de crecimiento, agentes antioxidantes, citoquinas antiinflamatorias, nucleótidos y elementos celulares.

Numerosos elementos constitutivos de la leche materna favorecen la colonización bacteriana óptima (Orrhange 1999): los oligosacáridos y los glicoconjugados impiden la adhesión de bacterias patógenas sobre la mucosa intestinal; las bifidobacterias y lactobacilos predominan sobre las bacterias potencialmente patógenas en la flora intestinal del bebé amamantado. Todos estos factores actúan localmente a nivel del tubo digestivo. Estos elementos tienen además un efecto sistémico (en todo el organismo) después de su absorción, y el ciclo entero-mamario, favorecido por el contacto piel a piel, refuerza estas acciones (Schanler 1999).

Acerca de las alergias

Dos estudios que incluyeron 777 prematuros que pesaron menos de 1850 grs. pusieron en evidencia un aumento del riesgo de alergia, y especialmente una frecuencia de eczema multiplicada por 3,6 en los prematuros alimentados con leche artificial que tienen antecedentes familiares de alergias (Lucas 1990).

Acerca del desarrollo cognitivo y visual

La presencia en la leche materna de ácidos grasos de cadena larga, de taurina y de agentes antioxidantes como el Betacaroteno, la vitamina E y el inositol, mejoran las funciones neurológicas y visuales. Se sabe también que la alimentación en el período neonatal incide en el crecimiento y el desarrollo psicomotor. Un estudio llevado a cabo con 300 prematuros alimentados con sonda y monitoreados hasta los 7½ y 8 años encontró puntajes de desempeño intelectual más elevados entre aquellos alimentados con leche materna, sobre la base de un coeficiente intelectual global de +8,3 puntos, después de ajustar factores psicosociales. En la medida en que los bebés fueron alimentados por gavage (sonda), se trata de un efecto ligado a la propia leche materna (Lucas 1992).

En otro estudio con 175 prematuros que pesaban menos de 1.500 grs., el riesgo de retinopatía en estados I a IV se multiplicó por 2,38 en los bebés que no habían recibido leche materna (Hylander 2001).

En el crecimiento

Lucas (1997), en un estudio que incluyó 554 recién nacidos mostró que la alimentación con leche materna favorece el crecimiento después del nacimiento, de recién nacidos que habían sufrido retardo del crecimiento fetal.

Más estabilidad fisiológica en el transcurso de las comidas

Desde hace unos quince años, estudios realizados con bebés prematuros (Meier 1987-1988, Blaymore-Bier 1997, Chen 2000) mostraron que el patrón de succión/deglución/respiración y del flujo de la leche es mejor en el seno que en el biberón, el nivel de oxigenación y la temperatura son mejores y más estables y los bebés hacen menos apneas y bradicardias (cuando el ritmo cardíaco se pone lento).

Ventajas para la madre

En la medida en que la mayoría de las actividades que tienden al cuidado del bebé están aseguradas por el personal de la salud, el hecho de que la madre pueda dar su leche para alimentar a su bebé es a menudo una oportunidad para ella de comprometerse más y de ejercer además un cierto “control” en el futuro de su bebé (Kavanaugh 1997, Spanier-Mingolelli 1998).

La leche “pre-término”

Desde hace mas de veinte años se sabe que cuando nace un prematuro, la leche de su madre es diferente (Atkinson 2000) de la de un bebé nacido a término. Los diferentes descripciones acerca de la leche materna “a término” se refieren sobre todo a proteínas, inmunoglobulinas, lípidos totales, triglicéridos de cadena mediana, calorías, vitaminas A, E, D, calcio, cobre, zinc, elementos que se encuentran generalmente en mayor cantidad. Los resultados, muy variables según los estudios, se destacan por las diferencias de los métodos de recolección de datos, la inclusión de niños de edades gestacionales muy extendidas y el número muy reducido de las muestras estudiadas. Esas diferencias que son observadas especialmente al comienzo de la lactancia serían la consecuencia de la prolongación de la fase de producción de calostro, donde la leche permanecería casi idéntica durante 4 a 6 semanas.

La adecuación de la leche humana a las necesidades del prematuro es todavía materia de controversia. En efecto, en caso de alimentación con leche materna no enriquecida en prematuros de muy bajo peso al nacer, algunos estudios han puesto en evidencia (Schanddler 1999, 2001) una rapidez de crecimiento muy lento y deficiencias nutricionales durante y después de la hospitalización. Las “insuficiencias” descritas conciernen sobre todo a las proteínas y el sodio cuyas concentraciones bajan con la lactancia mientras que las necesidades permanecen altas hasta que se cumple el término; las concentraciones en fósforo y calcio que son demasiado bajas si se tiene en cuenta su necesidad para el crecimiento; aquellas de calorías y en vitaminas.

El enriquecimiento de la leche materna permite un aporte más confiable de proteínas y minerales más elevados a la vez que favorece la ganancia de peso. Otras alternativas diferentes al enriquecimiento pueden considerarse, como es el uso de la leche del final de la lactada, más grasosa y por lo tanto con más calorías (Griffin 2000) o el aumento de aportes, que se evaluarían según la tolerancia (Nyqvist 1999). Cada vez que sea posible, se debería utilizar leche materna cruda, fresca o refrigerada, lo que permitiría una ganancia de peso mejor en alrededor del 30%. En algunos países, como en Francia, la legislación impone fuertes restricciones en la materia, lo que limita el uso de leche materna.

En conclusión, la leche materna es, de lejos, la mejor decisión para los prematuros, inclusive aquellos que tienen bajo peso al nacer. El enriquecimiento de la leche materna puede ser eventualmente necesario al comienzo para mantener un situación bioquímica adecuada, en particular en lo que respecta al sodio, el fósforo y las proteínas. La alimentación que se puede ofrecer a los prematuros no puede, de ninguna manera, reproducir la que podrían haber recibido por vía placentaria.

Otras opciones

Nuevos conceptos en medicina neonatal se basan en el reconocimiento de la competencia del bebé y de su familia, y de la necesidad de su desarrollo armonioso. A partir de ese principio se ha desarrollado el NIDCAP.

Asocia diferentes modificaciones del medio hospitalario y del ambiente inmediato del bebé, y busca favorecer el desarrollo armonioso del bebé, teniendo en cuenta sus componentes fisiológico, neurológico, comportamental y relacional (Sizun 2000). Estos cuidados tienen como objetivo modificar los acontecimientos del medio que generan estrés, sostener la organización neuro-comportamental que favorecen el bienestar y apoyar la comprensión por parte de los padres acerca del comportamiento de su hijo para que progresivamente adquieran autonomía.

Los padres, reconocidos como actores esenciales para el desarrollo de su hijo, están implicados en el apoyo activo del pequeño. Su presencia e integración son facilitadas: se les abre el servicio de neonatología, pueden tomar sus alimentos allí, participan en los cuidados y apoyan al sostenimiento motor del niño y su momentos de sueño.

Las prácticas incluyen: la reducción de la intensidad luminosa y sonora y del nivel de actividad alrededor del bebé, los intercambios olfativos, el respeto a las posturas en flexión, más confortables y que le dan seguridad, la ayuda con el material de arrope, rodillos de apoyo, la organización de los cuidados de acuerdo con las fases de sueño y vigilia, la succión no nutritiva especialmente durante la alimentación con sonda, los cuidados de bebé canguro y de contacto piel a piel, la colocación precoz al seno y el apoyo a la lactancia materna.

Para que la organización de los cuidados esté verdaderamente adaptada a cada recién nacido, se realiza una evaluación precisa de las competencias por parte de personal especializado y entrenado en la observación del comportamiento del bebé prematuro para establecer un programa de cuidados individualizado, en colaboración con los padres. Ese programa se llama NIDCAP en Francia, y se integra con la globalidad de los cuidados médicos. Numerosos estudios han mostrado que mejora el pronóstico de los niños nacidos con muy bajo peso, en los siguientes aspectos: mejor crecimiento de talla y peso, disminución de la duración de la ventilación, de la alimentación por sonda y de su estadía en reanimación, mejor evolución neuro-comportamental y disminución significativa del estrés de los padres quienes perciben mejor el comportamiento de su pequeño y son implicados activamente en su cuidado.

Su impacto fue evaluado en un estudio realizado en Gran Bretaña (Warren 2000), con 60 prematuros nacidos entre 24 y 34 semanas. La colaboración de una consultora en lactancia (IBCLC) y de un especialista en cuidados del desarrollo certificado por NIDCAP permitió elevar la tasa de lactancia, exclusiva o parcial de 46% a 83%.

Establecimiento y mantenimiento de la lactancia

Los senos están listos para producir leche desde la mitad del embarazo. El estrés, muy frecuente en un contexto de nacimiento prematuro, interfiere con las hormonas que propician la lactancia y explica en parte las dificultades encontradas por las madres que deben utilizar un extractor. Muchas madres de prematuros tienen una baja importante en su producción de leche al cabo de pocas semanas. La primera causa es un número insuficiente de sesiones de extracción de su leche.

Para beneficiar el clima hormonal favorable en el post parto inmediato, las madres que son separadas de su bebé deben comenzar a extraerse la leche tan pronto como sea posible después del parto. Algunos estudios científicos recomiendan utilizar un extractor de doble bomba que permite obtener volúmenes más grandes de leche a la vez que se dedica menos tiempo a esta labor (Hill 1999, 2001). (3)

Durante los dos o tres primeros días es perfectamente normal que las madres no logren extraer sino unas gotas. Es importante extraer la leche con la frecuencia con que un bebé nacido a término lacta: seis veces al día es la recomendación mínima en la materia, aunque el ideal es 10 a 12 veces.

Para favorecer un buen drenaje de los senos y obtener suficiente leche del final de la lactada (con más grasa y calorías), la extracción de la leche debe durar tanto como salga leche, lo cual puede tomar de 5 a 10 minutos los primeros días y de 20 a 30 minutos una vez que la lactancia está establecida. Las madres deben tener en cuenta que hay grandes diferencias entre lo que cada madre obtiene.

Para un bebé de poco peso al nacer, los volúmenes extraídos sobrepasarán muy pronto sus necesidades nutricionales, y es posible que lo hagan en exceso. Es muy importante tratar de mantener una producción abundante (con excedente) porque permitirá enfrentar una eventual baja en su producción y también, tener un exceso (debit?) de leche, factor determinante para tener éxito en el momento en que se realice la transición de la alimentación por sonda a lactadas eficientes directamente del seno.

A fin de poder obtener leche con frecuencia, es importante extraerla en casa pero también en el servicio de neonatología, cerca del bebé, pues todo lo que permite estar en relación con el bebé, ayuda a obtener leche. Algunos investigadores han mostrado que hacer masaje sobre el seno antes de la extracción ayuda (Jones 2001), escuchar casetes de relajación (Feher 1989), la redacción de un diario (Macnab 1998), tener contacto piel a piel así como usar el método canguro (Whitelaw 1988, Hurst 1997) son otros medios que permiten optimizar la producción de leche. Es igualmente útil establecer una estadística de sesiones de extracción y de volúmenes de leche obtenidos (Meier 2001).

Nutrición por sonda y amamantamiento

Los trabajos realizados por Paula Meier al final de la década del 80, y que han sido retomados por otros equipos de investigadores, han puesto en evidencia que los recién nacidos y los prematuros tienen un mejor patrón de succión-deglución-respiración cuando son alimentados al seno que cuando lo son con biberón, y que bebés con muy bajo peso al nacer pueden comenzar a amamantar bastante antes de su edad término. También se sabe que los prematuros nacidos muy pronto, a menudo son capaces de lactar eficazmente también muy pronto, después de un aprendizaje y de la exposición precoz a estímulos sensoriales apropiados (Nyqvist 1996, 1999). Un estudio que incluyó 71 prematuros nacidos entre 26 y 53 semanas de edad gestacional, que pesaban entre 1.013 y 3.120 grs. sin patologías graves y en un medio particularmente favorable que incluya cuidados de desarrollo y apoyo a la lactancia, la primera colocación al seno tuvo lugar entre el día 0 y el día 20 (siendo el promedio el primer día). La primera lactada nutricional tuvo lugar, en promedio, a los 8 días de vida y los bebés eran completamente amamantados entre 33 y 40 semanas. Al salir del hospital, el 94% de los bebés eran amamantados, de ellos el 80% exclusivamente.

De las misma manera, algunas prematuros son capaces de lamer leche extraída y puesta sobre el pezón alrededor de la semana 28 de edad gestacional; un par de semanas después, algunos logran succionar un poco del seno y beber en taza pequeñas cantidades de leche; en la semana 32 a 34 algunos son capaces de hacer una comida completa en el seno y a partir de la semana 35 se han observado lactadas eficaces y la mayoría de los bebés son amamantados exclusivamente. Los datos proporcionados por la literatura médica indican muy claramente que ni la edad gestacional, ni la edad post natal deben ser utilizadas como criterio para iniciar la colocación al seno: no hay edad para comenzar, entre más pronto, mejor. El único criterio es la estabilidad del bebé, por lo que la decisión debe ser individual.

De hecho, el problema principal de los prematuros no es la coordinación de la succión/deglución /respiración sino más bien el hecho de que se fatigan muy pronto, la vigilia espontánea insuficiente y la hipotonía, la aversión oral (ligada a estímulos negativos orales secundarios derivados de la presencia de sondas y aspiradores), la dificultad de coger el seno en su boca y de mantenerlo allí, la debilidad o ineficacia de la succión.

El riesgo esencial es, por tanto, que el bebé consuma una cantidad de leche insuficiente. Y es además, la preocupación justificada de las madres, preocupación bien diferente de aquella de la “falta de leche”. Pero al distinción entre la producción de leche en cantidad suficiente y la capacidad del bebé de obtener la leche disponible no siempre es bien comprendida. La madre necesita saber enfrentar ambas situaciones de manera diferente, sabiendo que los dos problemas algunas veces están combinados.

Los peligros del biberón

El concepto de “confusión de succión” es controvertido y desafortunadamente existen pocos estudios que permitan establecer su realidad y prevalencia. Es cierto que numerosos bebés pasan de un método a otro sin problemas. Pero también existen numerosos testimonios que muestran la dificultad que tienen ciertos bebés para prenderse al seno correctamente cuando han sido alimentados una o muchas veces con biberón.

Y es precisamente para los bebés más prematuros para los cuales el riesgo es más elevado. Los mecanismos invocados para explicar la preferencia del chupo sobre el seno son los mecanismos de succión diferentes, el problema del flujo de leche muy rápido en el biberón lo que llevaría al bebé a preferirlo en caso de poca producción de leche (aunque se ha visto que el flujo de la leche es mejor controlado por el bebé prematuro en el seno que en el biberón).

El chupo (tetina) rígido del biberón puede constituirse en un “super estímulo” que el bebé no puede encontrar en el seno, especialmente si tiene dificultades para mantenerlo en su boca. A todo esto se deben añadir los mensajes no verbales asociados al uso del biberón, a saber, la banalización de la lactancia y la pérdida de confianza de la madre en su capacidad de lactar.

Un estudio reciente (Kliethermes 1999) con 84 prematuros que pesaban entre 1000 y 2500 gramos puso en evidencia el impacto negativo del uso de biberones en este contexto. El estudio dividió los niños en dos grupos: a uno de dieron complementos en biberón y al otro por sonda nasogástrica cuando se juzgó que los complementos eran necesarios. La tasa de lactancia fue siempre significativamente más elevada en el grupo que recibió los complementos por sonda, con una duración de 7,5 semanas más en promedio que en el grupo de bebés expuestos al biberón. La estancia en el hospital y el peso al salir de allí fueron similares en los dos grupos.

En resumen

Las condiciones para un adecuado inicio de la lactancia de un bebé prematuro podrían resumirse en:

1.- La adquisición de autonomía alimenticia debe integrarse en un proceso continuo de desarrollo. Este proceso es específico para cada bebé y condiciona el regreso al hogar, por lo que se hace necesario individualizar y centrar ese aprendizaje en los padres.

2.- Establecer el contacto piel a piel lo más pronto que sea posible. Entre las muy conocidas y numerosas ventajas para el bebé, esto favorece la lactancia: los prematuros que han tenido ese contacto pie a piel, lactan más pronto. Al alimentar por sonda, procurar, a la vez que haya contacto piel a piel cada que sea posible.

3.- Propiciar la succión no nutritiva mientras se alimenta con sonda orogástrica, e inclusive colocar al seno en forma precoz después de extraer la leche.

4.- Procurar que las primeras colocaciones al seno estén lejos de una experiencia dolorosa o fatigante, evitando cualquier otra estimulación; observar la reacción del bebé y adaptarse a su comportamiento.

5.- La colocación correcta al seno es crucial aunque difícil: favorecer las posiciones que facilitan un buen control de la cabeza del bebé y su sostenimiento total; sostener el seno y el mentón del bebé simultáneamente con la misma mano para ayudar al bebé en la succión (posición de bailarina).

6.- Evaluar la eficacia de la succión y la resistencia del bebé al esfuerzo, factores ambos que condicionan su capacidad de lactar más o menos leche.

7.- Solo cuando las lactadas se vuelven eficientes, es aconsejable medir la cantidad de leche obtenida por el bebé. En este contexto, la realización de pruebas de pesaje en una balanza electrónica muy precisa no aumenta la ansiedad materna y en cambio permite ajustar los aportes adicionales, los cuales sí deben ser controlados.

8.- No dar biberones, excepto si es el deseo expresado por los padres a pesar de la información que ellos hayan recibido. Cuando los complementos sean necesarios, es mejor darlos mientras la sonda esté colocada, después con taza o dedo, según la capacidad y necesidad de cada bebé.

9.- No fijar arbitrariamente la duración de la transición de la sonda al seno; no trate de ir muy rápido, es mejor velar por mantener un buen crecimiento del bebé sin fijarse demasiado en las cifras. No suspender la sonda ni la extracción demasiado pronto, para mantener un nivel de producción de leche suficiente y así facilitar obtención del leche por parte del bebé, a través de la lactancia.

10.- Hospitalizar a la madre con su bebé al menos un día completo, comprendida la noche, antes del regreso a casa de la madre.

11.- Consulta precoz antes del regreso a casa y/o seguimiento a domicilio para ayudar a los padres a verificar la ganancia de peso adecuada y el progreso de su desarrollo del bebé.

12.- Dar a los padres las direcciones de las asociaciones que apoyan la lactancia.

Traducido por María Cristina Sáenz de Allaiter Aujourd’hui de agosto de 2002, publicación de la Liga de La Leche de Francia.

* El doctor G. Gremmo-Feger es pediatra y Consultor en Lactancia en el Hospital Universitario de Brest en Francia.

(1) Se dice que un bebé es prematuro cuando nace antes de las 37 semanas de edad gestacional. Se habla de gran prematurez cuando el nacimiento ocurre antes de la 33 semanas de edad gestacional y de prematurez extrema cuando el bebé nace antes de la semana 28. La prematurez se asocia también, en alrededor del 15% de los casos a un retardo del crecimiento intrauterino y se usa el término de poca ganancia de peso para los bebés de menos de 2500 grs. y de muy poco peso al nacer para los que pesan menos de 1500 grs.

(2) La bibliografía se puede pedir a: La Liga de La Leche de Francia: allaiter.aujourdhui@lllfrance.org La Liga de La Leche de Colombia: nuevocomienzolllcol@yahoo.com

(3) Muchas mamás logran extraer la leche que necesita su bebé utilizando la técnica Marmet, para lo cual sólo necesitan de sus propias manos. Se requiere un poco de práctica, las instrucciones mínimas por parte de alguien que domine la técnica, establecer horarios de extracción que simulen el horario del bebé y apoyo constante y adecuado.

Glosario.

Lactasa: enzima que permite que la lactosa (azúcar) sea absorbida por el bebé.

Apnea: suspención transitoria de la respiración.

Betacaroteno: forma en que la vitamina A se encuentra en las frutas y verduras.

Bradicardia: disminución de la frecuencia cardíaca.

Enterocolitis necrosante: inflamación del tracto digestivo que concluye en la muerte del tejido afectado.

Factores de crecimiento: fortalecen las mucosas contra bacterias y virus.

Hipotonía: tono muscular inferior al normal IgAs: anticuerpo que tapiza las mucosas impidiendo la adhesión de virus y bacterias dañinos a ellos. Por eso los bebés amamantados tienen menos infecciones respiratorias, urinarias y del aparato digestivo.

Lactobacilos: primera bacteria “benigna” que coloniza el intestino del bebé amamantado. En bebés no amamantados, es la E. Coli la que se adelanta propiciando diarreas.

Lactoferrina: proteína que facilita la absorción del hierro por el intestino del bebé, impidiendo que las bacterias lo usen para su crecimiento. Por eso los bebés amamantados tienen menos frecuencia de diarreas.

Leucocitos: células que tienen como función “comerse” las bacterias y los virus.

Lipasa: enzima que desdobla la grasa en ácidos grasos para su absorción.

Lysosima: proteína que rompe la pared celular de diferentes bacterias malignas, protegiendo al bebé de su ataque.

Motilidad: movimiento del intestino, facilitando su vaciado rápido. Esto es especialmente recomendable para bebés con reflujo.

Nucleótidos: componentes básicos del DNA y el RNA.

Retinopatías: daño en la retina.

Ultima modificación realizada el 18 de febrero de 2008 por mmm
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