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La lactancia y la buena mordida

Por Jean-Louis Raymond

Información perteneciente a la revista NUEVO COMIENZO, Vol. 15 Numero 1 Año 2003

La alimentación con leche industrial de los bebés parece ser la norma en gran parte de nuestra sociedad occidental, aunque la prevalencia de la lactancia materna haya aumentado de unos veinte años para acá. Numerosos estudios sobre las diferencias de la composición nutricional de la leche materna y la industrial han sido publicados, y desafortunadamente muchos menos sobre la importancia del recipiente. Ahora bien, la salida de la leche es bien diferente según si el bebé amamanta o toma biberón y por lo mismo los movimientos musculares serán diferentes, con repercusiones fisiológicas importantes sobre el desarrollo de la parte inferior del rostro.

El mecanismo de la amamantada

Después de haber reconocido el olor de la areola gracias a la secreción de las glándulas de Montgomery, el bebé se alista para tomar el seno en su boca. Para hacerlo, impulsa la mandíbula y la lengua hacia delante, después aprieta el pezón entre sus labios. Los movimientos de succión que ejerce después de cerrar los labios sobre el pezón hacen que se cree una depresión bucal que completa el dispositivo para mantener el seno en la boca del bebé. Eso obliga al pequeñín a respirar por la nariz: si intenta respirar por la boca, se soltará del seno. En ese sentido, se puede decir que la lactancia contribuye al aprendizaje de la respiración nasal. Entre más prolongada sea la lactancia, mejor será la programación cerebral de esa respiración.

La lengua comprime el seno contra el paladar y efectúa un movimiento ondulatorio de adelante hacia atrás, sincronizado con una propulsión de la mandíbula inferior, que estira el seno. Es difícil apreciar exactamente fuera del seno cuál es el impacto de la depresión y la compresión sobre la extracción de la leche, mientras ésta es expulsada del seno a raíz de la contracción de las células mioepiteliales que rodean los acinos mamarios. Cualquiera que sea, la succión del seno es un movimiento complejo que pone en juego todos los músculos de la lengua, los propulsores de la mandíbula inferior (en particular el pterigoideo lateral), los maseteros, los orbiculares de los labios y los bucinadores. La potencia de esta acción muscular sorprende a menudo a la madre y además estira la areola al punto de doblar su longitud.

La leche así obtenida es guiada hacia la faringe por la parte posterior de la lengua, que se ahueca a manera de canal. La coordinación succión-deglución-respiración es primordial para evitar que el bebé se atragante. El chiquito que amamanta adopta un modo de deglución que se adapta a los movimientos que permiten extraer la leche: traga cuando la lengua y la mandíbula están en propulsión hacia delante. La ondulación peristáltica de la lengua encuentra continuidad con un movimiento similar en la faringe y el esófago que evita que el bebé vomite la leche.

Para que el aprendizaje y la sincronización de la succión se den después del nacimiento, el bebé debe poder establecer una relación causa efecto entre la presión que ejerce sobre el seno y la leche que recibe, y a la vez poder controlar la lactada. Amamantar al seno permite tal control, lo que no sucede con el biberón. Las terminaciones nerviosas de los receptores que comandan la fase faríngea de la deglución se sitúa entre las amígdalas y pueden reaccionar ante la presencia de una cantidad débil de leche (0,04 ml). Sin embargo, es posible que la fuerza de la salida de la leche juegue un papel importante.

Los bebés amamantados suelen sincronizar mejor los movimientos de succión-deglución-respiración que aquellos alimentados con leche industrial, debido a un mejor control del caudal y de la presión de la leche. Esto es particularmente claro en los prematuros que toleran menos bien un caudal de leche importante que los bebés nacidos a término, razón por la cual tomar el seno es más fácil para ellos, que tomar el biberón. Esta capacidad del bebé de controlar su fuente de alimentación constituye la característica fundamental de la lactancia.

Papel morfológico de la lactada

La lactada al seno es un elemento importante para el crecimiento facial armónico del bebé, debido a la cantidad de músculos que se ponen en acción y a la potencia de esa acción muscular. El primer año de vida es un período de crecimiento excepcionalmente rápido. Por eso es importante que el bebé pueda beneficiarse, durante ese tiempo, de todos los estímulos necesarios para el desarrollo óptimo de su potencial. Desde este ángulo, es recomendable amamantar al bebé exclusivamente durante los primeros cuatro a seis meses de vida, siendo preferible que la lactancia se prolongue durante el primer año para que el pequeñín reciba el beneficio del estímulo específico que significa la amamantada y debido a que la masticación no ofrece todavía a esa edad, una actividad muscular adecuada.

En los bebés, el cartílago de crecimiento condiliano es muy activo en su desarrollo. Al final del segundo año de vida prácticamente desaparece. Se puede deducir que la disminución de la retracción de la mandíbula inferior del recién nacido depende de una lactada eficaz, exigiendo a los pterigoideos laterales que se ubiquen correctamente, pues parecen ser los mediadores indispensables del crecimiento cartilaginoso del cóndilo. Debido a la tensión que reciben los ligamentos esteno mandibulares (ubicados en la base de la lengua dentro quijada), la succión en el seno induce también el crecimiento de la parte posterior de la rama horizontal de la mandíbula inferior. Además, el enérgico trabajo muscular necesario para realizar la extracción de la leche va a tener un impacto, directo o indirecto, sobre el crecimiento de los huesos sobre los que se insertan los músculos. Habrá una maduración neurofuncional adecuada de la cual dependerá el desarrollo de todo el macizo facial.

Alimentación con biberón

La alimentación del bebé con el biberón pone en juego mecanismos totalmente diferentes que pueden perturbar profundamente al recién nacido si los dos medios de alimentación se alternan; es lo que sucede cuando el bebé presenta confusión de succión.

En el biberón, la salida de la leche depende esencialmente de factores sobre los cuales el bebé no puede ejercer ningún control: la gravedad (función de la verticalidad del biberón y de la posición del bebé), la entrada de aire al biberón. Los bebés deben adaptarse a esas circunstancias para evitar atragantarse. Con el biberón se pone en funcionamiento un modo de succión caracterizado por la actividad lingual y mandibular muy diferente, que varía en función del chupo utilizado (consistencia, densidad, perforaciones...), y conlleva un trabajo menos tónico y más posterior.

A menudo, la simple depresión intrabucal será suficiente para provocar la salida de la leche y no se requerirá trabajo muscular: el bebé obtiene la leche sin mayor esfuerzo.

La alimentación con leche artificial y la mala oclusión

Debido al poco trabajo muscular requerido al tomar del biberón, el desarrollo morfológico y funcional de la mandíbula inferior será diferente. Sin embargo, es difícil evaluar con precisión el impacto del biberón debido a la dificultad de recoger datos experimentales.

Entre más edad tenga el bebé en el momento del estudio, las demás funciones musculares (masticación en particular) habrán tenido tiempo de tener impacto. La masticación, función muscular destinada a reemplazar progresivamente el amamantamiento, induce también contracciones musculares importantes influyendo, por lo mismo, sobre el desarrollo de las mandíbulas, del arco dental, de las articulaciones temporo-mandibulares. Cuando se alternan la acción de la succión del amamantamiento (o de la alimentación con biberón) y aquella de la masticación dará como resultado fenotipos diferentes en función de la duración de la respectiva influencia de las acciones musculares.

De ahí la importancia de definir con precisión, en los estudios, la manera de alimentar un bebé. Por ejemplo, en numerosos estudios los grupos de bebés amamantados son heterogéneos; de la misma manera, los bebés alimentados con biberón reciben a menudo comidas semisólidas o sólidas. La duración de la lactancia es un parámetro esencial. En numerosos estudios los bebés han sido amamantados muy poco tiempo (10 semanas o menos) y son considerados como amamantados; no obstante, una lactancia tan corta no basta para tener un impacto mensurable sobre la morfología facial. Sería interesante hacer estudios sobre bebés amamantados por ejemplo un año.

Es necesario tener también en cuenta características hereditarias, lo que a menudo no se hace. Un último parámetro que sería interesante estudiar es la postura del bebé durante la lactada; la estática cervical, por su relación con el complejo muscular faringo-lingual, influye en la calidad funcional de la lactada.

Por lo mismo es difícil describir una patología específica del biberón. El poco desarrollo que propicia es tridimensional, pero parece que el desarrollo antero-posterior sería el más afectado siendo más evidente la retrognacia mandibular. Por eso es posible encontrar diversas situaciones en función del esquema facial de base, de diversas influencias agravantes o compensatorias, y de la edad del bebé.

Biberón y patologías bucales

La salida de la leche del biberón generalmente se realiza de forma rápida y brutal hasta el estómago del bebé, lo que aumenta el riesgo de vomitadas. Un estudio publicado en 1997 constató que en una provincia francesa, 20% de los bebés recibían medicamento para el reflujo.

De la misma manera, el biberón parece aumentar, los episodios de otitis debido a que la leche pasa hacia los oídos. El chupo del biberón, mucho menos moldeable que el seno, satisface en menor medida las necesidades de succión de los bebés por lo que él tendrá más tendencia a usar chupo de entretención o su pulgar, actividades que por sí mismas tienen un impacto negativo aumentando el riesgo de mala oclusión. En un estudio, el 40% de los bebés amamantados no chupaban ni su dedo ni el entretenedor, contra el 18% de los bebés alimentados con biberón.

Cuando el bebé está agripado y tiene que respirar por la boca, debe soltar el seno para respirar; esto lo obliga a hacer un nuevo esfuerzo para prenderse correctamente al seno. En cambio, él puede tragar y respirar alternativamente por la boca cuando toma el biberón debido a que esta manera de alimentación no requiere de un sellado estrecho de los labios, ni la depresión intrabucal permanente, ni un trabajo muscular importante; el bebé aprende muy rápidamente que él puede soltar y volver a retomar muy rápidamente el chupo del biberón.

El riesgo de dar biberón es grande pues puede primar la respiración bucal sobre la nasal, con todas las consecuencias que esto trae sobre el desarrollo de la estructura de la cara y, más globalmente, sobre la salud del bebé.

En conclusión

La funcionalidad de la lactancia es de la más grande importancia: el período durante el cual se practique es un período vital de crecimiento, no igualado durante el resto de la vida. El trabajo muscular facial específico que propicia la lactancia tendrá un impacto importante en el desarrollo maxilo facial armonioso del niño. Solamente la lactancia permite obtener un resultado óptimo. Ningún biberón es capaz de replicar las características de succión en el seno.

Vocabulario

Cóndilo: eminencia redondeada en la extremidad de un hueso que forma articulación encajando en el hueco correspondiente de otro hueso.

Masetero: músculo que interviene en la masticación.

Bucinador: músculo que permite silbar, soplar y besar, entre otras cosas.

Retrognacia: cuando la mandíbula inferior del bebé está hacia atrás, sin alinearse con la superior.

Este artículo fue publicado inicialmente en la Revista Orthop Dento Faciale 2000; 34:379-402. Traducido por María Cristina Sáenz de Les Dossiers de l’Allaitement, No. 56, septiembre de 2003, Liga de la Leche de Francia.

Ultima modificación realizada el 12 de febrero de 2008 por mmm
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