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La fábrica de leche

Por Marie Courdent, Francia

Información perteneciente a la revista NUEVO COMIENZO, Vol. 16 Numero 2 Año 2004

Los senos saben producir leche desde siempre: muchos recién nacidos, niños o niñas, desarrollan una pequeña inflamación de sus glándulas mamarias. Se presenta entonces una secreción conocida como “leche de brujas” que se dejan quieta sin exprimir para no provocar una infección. Esto indica que todo está listo para asegurar la sobrevivencia de la especie más tarde...

Desde el embarazo

En los niños pequeños, las hormonas masculinas van a impedir el desarrollo de la glándula mamaria. En las niñas, la glándula en reposo durante la infancia, comienza a desarrollarse en el momento de la pubertad y en cada ciclo menstrual. Cuando comienzo un embarazo, los senos se preparan para la lactancia debido a la influencia de las hormonas (sobre todo los estrógenos, la progesterona, la hormona galatógena placentaria) y a partir del cuarto mes se comienza a producir leche. La placenta frena esa producción. Algunas mujeres encintas escurren leche durante el embarazo, otras no, circunstancia que no tiene valor predictivo acerca de cómo será la producción de leche en esa madre.

Al momento de nacer, las hormonas

A raíz del nacimiento, la expulsión de la placenta conlleva la caída de la tasa de progesterona. Es esta situación la que desencadena la bajada (también conocida como subida) de la leche en abundancia entre el tercero y el séptimo días. La leche es secretada continuamente a nivel de los alvéolos donde se almacena hasta el momento de la lactada. Esa producción de leche es regulada por hormonas, principalmente la prolactina que crea un clima hormonal propicio para la fabricación de leche, y la oxitocina que hace trabajar los músculos para hacer salir la leche a la boca del bebé. Es responsable de la expulsión de la leche...

Es la succión eficiente del pezón la que hace secretar esas dos hormonas. Si no se da esa extracción de la leche por parte del bebé, o de su representante el sacaleches, no habrá producción de leche en cantidad suficiente para alimentar a ese bebé y la glándula mamaria va a involucionar o volver a su tamaño de antes de embarazo, hasta el siguiente embarazo.

La oxitocina es la hormona que hace contraer el útero en el momento del parto. Durante los primeros días después del nacimiento, en el momento de las lactadas, su acción se siente sobre el útero provocando lo que se conoce como “entuertos”. También producimos oxitocina durante el orgasmo o en el curso de una buena comida! El reflejo de eyección de la leche, controlado por la oxitocina, permite la transferencia de la leche hacia el bebé. Se disminuye por el estrés, el dolor, las emociones negativas y el consumo de alcohol y de tabaco. Por el contrario, el contacto piel a piel a partir del nacimiento aumenta la liberación de oxitocina, sobre todo, si el bebé con su mano estimula el pezón de su madre.

Otras hormonas, como la insulina y las tiroideas, contribuyen a establecer un clima hormonal favorable al establecimiento y mantenimiento de la lactancia. Esto explica que ciertas patologías como el hipotiroidismo pueden afectar la lactancia.

Una regulación al interior del seno

Pero las hormonas y los receptores sobre los cuales ellas se fijan no hacen todo. Existe al interior del seno un mecanismo que regula la producción de leche para responde a la demanda imprevista del bebé, sin producir leche inútilmente si el destete ha comenzado. Lo que regula mejor la cantidad de leche producida es la frecuencia de las lactadas y su eficiencia, así como la demanda del niño en función de su edad, su peso, su apetito y su estado de salud. Para que sea producida la leche que el bebé requiere, es necesario que él pueda tener acceso libre al seno, que mame eficientemente, que desocupe bien los senos para que puedan llenarse de nuevo. Atendiendo lo anterior, una mujer puede aumentar su producción de leche aumentando la frecuencia de las lactadas y la eficiencia de la extracción de la leche y enfrentar la demanda creciente del bebé los días de frecuencia o crecimiento.

La capacidad de almacenamiento en el seno varia de una mujer a otra y puede ir, según estudios de Peter Hartman, de 80 a 600 ml! En una misma madre, esta capacidad puede variar de un seno a otro. Esto no tiene nada que ver con la capacidad de producir suficiente leche para el bebé, solamente influye sobre el número de lactadas. En efecto, las madres cuya capacidad de almacenamiento es poca, tienen necesidad de ofrecer el seno con más frecuencia al bebé. Algunas madres tienen un funcionamiento de su lactancia que nos les permite adaptarse a horarios rígidos o a poca cantidad de lactadas. Y también depende del bebé: algunos adoran las comidas abundantes, otros desean comidas más pequeñas y frecuentes. No hay ninguna ventaja en reducir la cantidad y duración de las lactadas ni en fijar un lapso mínimo de tiempo entre dos comidas. El bebé debe poder amamantar sin restricción. Y no basta con que el bebé esté en el seno, sino que lacte.

Las primeras semanas son decisivas para calibrar la producción de leche, bien sea que el bebé amamante o que la leche se extraiga cuando hay separación, en caso de bebé prematuro, por ejemplo. Si la ganancia de peso es satisfactoria al mes, se debe a que la producción de leche está bien adaptada a las necesidades del bebé. Él ha realizado a satisfacción su trabajo de estimulación del seno. A partir del mes y hasta los seis meses, el volumen de leche consumida es más o menos constante. La producción de leche de la madre varía poco y se sitúa entre 700 y 800 ml por día en promedio, teniendo en cuenta que puede haber grandes variaciones de una madre a otra.

La leche de fácil digestión y siempre nutritiva

No hay leche materna que no sea nutritiva. La composición de la leche varía en el transcurso de la lactada, siendo el caso específico el de su contenido de grasa que aumenta a medida que avanza la extracción. La leche del comienzo de la lactada sirve para calmar la sed, y a medida que el seno es vaciado, la concentración de grasas aumenta. Si un bebé amamantado no aumenta bien de peso, no es a causa de la calidad de la leche sino de la cantidad de leche que pasa de la madre a su bebé. No se debe confundir nutritivo (que permite al bebé nutrirse y por consiguiente engordar), con muy digestiva, cualidad de la leche materna y que explica las comidas frecuentes, a menudo entre ocho y doce cada 24 horas para los bebes humanos. Nuestros bebés no son como algunos animales que se desarrollan muy bien con una comida de unos pocos minutos al día.

Los bebés llegan sin manual de instrucciones, y un buen número de futuras mamás, pensando que la lactancia es natural, no estiman necesario prepararse para ella, en lo cual no tienen razón. Es un arte que se aprende. Estar motivado no basta, se necesitan apoyo competente e información oportuna. Los senos no son transparentes ni tienen graduación para saber la cantidad que ingiere el bebé. Por ello es necesario asegurarse que el bebé tome suficiente leche. Al abandonar el hospital o clínica, criterios muy objetivos pueden dar a la madre tranquilidad o inquietarla y conducir a buscar ayuda: un bebé que toma o ingiere suficiente leche, debe eliminar suficiente orina y deposiciones. Las primeras cuatro a seis semanas de vida, la madre debe cambiar cada 24 horas cinco a seis pañales bien húmedos y pesados con orina, y al menos tres de ellos con deposiciones. Y el bebé debe engordar: una medida promedio es que engorda un gramo por hora. Si se logra menos que eso, es necesario verificar la conducta de lactancia para asegurarse que nada alarmante ocurre. Si hay un aumento de peso mayor, la lactancia se desarrolla bien y podrá durar el tiempo que la mamá, el papá y el bebé lo deseen.

Traducido de Allaiter Aujourd’hui de junio de 2004, publicación de la Liga de La Leche de Francia.

Ultima modificación realizada el 12 de febrero de 2008 por mmm
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